Este no fue el año de las grandes promesas ni de los titulares épicos. Fue el año de las señales pequeñas pero insistentes. No vimos un “¡el futuro llegó!” con luces de neón, sino una acumulación de gestos, decisiones y cansancios compartidos que, vistos con atención, dicen mucho más que cualquier reporte de tendencias con portada fluorescente. 

Mientras la industria seguía obsesionada con hacer más, el mercado —ese ente silencioso que no va a conferencias— empezó a hacer otra cosa: parar, filtrar, desconfiar. De hecho, estudios en Latinoamérica muestran que el consumidor hoy es mucho más intencional con sus compras, planificando mejor y quedándose solo con lo que realmente valora (Portafolio). En ese cambio de ritmo aparecieron las microtendencias que sí importan. 

Nota: Esto no es un texto para adivinar 2026. Es un intento honesto de leer 2025 con mirada crítica (algo irónicamente escaso este año). Aquí desmenuzamos lo que de verdad cambió —y lo que solo hizo ruido— en el mundo de las marcas, con datos, ejemplos y un poco de humor. 

Autenticidad: cuando deja de ser eslogan y empieza a doler 

Durante años, “autenticidad” fue la palabra mágica en cada brief. En 2025 empezó a convertirse en una exigencia incómoda. Las marcas que prosperaron no fueron las que fingían ser humanas con storytelling de cuento de hadas, sino las que aceptaron no verse perfectas. Menos heroísmo de PowerPoint y más coherencia básica. 

Los datos respaldan esta realidad: el 97% de los consumidores dice que la autenticidad influye en su decisión de apoyar una marca, y un 85% ha llegado a comprar porque una marca se sintió auténtica (Business Wire). Pero ojo: también el 87% dejaría de apoyar una marca si sus acciones traicionan sus valores. Es decir, autenticidad no es un mantra bonito; es apechugar con las consecuencias de ser genuino. 

Ejemplos claros de autenticidad con consecuencias: 

  • Patagonia: Fiel a su línea incómoda, habló más de poner límites al consumismo que de sus productos. Incluso reportó ventas globales de 1.470 millones de dólares en 2025 manteniendo sus valores por encima del marketing tradicional. No creció por gritar más fuerte, sino por sostener una postura ética que resonó con la gente (recordemos que su fundador entregó la empresa a un fideicomiso ambiental en 2022 — auténtico con todas las letras). El resultado: clientes dispuestos a pagar más por marcas que perciben como reales. 
  • Basecamp: Siguió defendiendo el trabajo asincrónico y la calma organizacional en un año donde medio mundo corporativo aún vendía urgencia disfrazada de productividad. Basecamp prefirió admitir “no vamos a crecer a toda costa” antes que subirse al tren del hype. Esa coherencia le ganó respeto, aunque significara renunciar a la narrativa glamurosa de “somos el próximo unicornio”. 

En síntesis, la microtendencia no es solo “sé auténtico”, es soportar las consecuencias de serlo. Los consumidores detectan al instante la diferencia entre un comportamiento genuino y la autenticidad de escaparate. Las marcas que lo intentaron sin sustancia (las que pusieron “auténtico” en su bio pero no en sus actos) quedaron en evidencia. Las que de verdad actuaron conforme a sus valores quizás incomodaron a algunos inversores de corto plazo, pero ganaron la lealtad de un público cada vez más cínico con lo performativo. Al final, como dijo un analista: “Los consumidores esperan integridad, no perfección”. Y vaya que en 2025 castigaron al que no la tuvo. 

Pausas estratégicas: el lujo que ya no parece debilidad 

En 2025 pasó algo curioso: detenerse dejó de verse como fracaso. En un entorno que veneraba la hiperactividad, empezó a notarse un patrón (no masivo ni ruidoso, pero constante): 

  1. Marcas que bajaron la frecuencia de publicación en redes y contenidos, priorizando la calidad sobre la cantidad. 
  1. Equipos de marketing que apostaron por menos campañas y más criterio, enfocándose en unas cuantas iniciativas bien pensadas en lugar de mil fuegos artificiales vacíos. 
  1. Audiencias que dejaron de premiar la hiperactividad. De hecho, más del 93% de los consumidores ya evita activamente la publicidad invasiva, saltando o bloqueando anuncios siempre que puede. En otras palabras, ser omnipresente dejó de ser ventaja y pasó a ser ruido molesto. 

No fue exactamente el mantra slow marketing sacado de un libro zen. Fue fatiga colectiva. La saturación digital llegó a tal punto que el 81% de la Generación Z quisiera poder desconectarse más fácilmente de sus dispositivos (¡los centennials pidiendo menos pantalla, quién lo diría!). El mensaje fue claro: el mercado estaba cansado. 

Incluso los gigantes tecnológicos —sí, esos titanes acostumbrados a la velocidad— empezaron a hablar menos de ir a mil por hora y más de enfocar y refinar. Cuando Apple presentó mejoras que no prometían “revolución” sino refinamiento de lo existente, muchos entendimos la señal: no todo avance necesita fuegos artificiales. De hecho, la WWDC 2025 de Apple fue de las más meh en años (pura mejora incremental), y lejos de hundirla, validó que la innovación real a veces susurra en vez de gritar. 

Otra señal: en la mayor prueba global de la semana laboral de 4 días (141 empresas, múltiples países), el 90% decidió mantenerla porque la productividad no cayó y el bienestar mejoró significativamente. En otras palabras, pausar funciona: trabajadores más enfocados, menos quemados, mismo rendimiento. La pausa dejó de ser excusa y pasó a ser estrategia. ¿El lujo de parar tantito? Ya no es lujo, es inversión. Y las marcas inteligentes lo entendieron: mejor hacer menos, pero mejor, que hacerlo todo y mal. 

Comunicación más honesta (o al menos, menos insultante) 

Otra microtendencia potente: el público en 2025 demostró que ya no quiere que le expliquen lo obvio con tono condescendiente ni que le endulcen los problemas con marketing cursi. La tolerancia al “optimismo corporativo vacío” cayó en picada. ¿Los ejemplos? Por todas partes: 

  • Mensajes claros y directos funcionaron mejor que las campañas creativamente confusas. Más plain Spanish, menos jerga pseudo-inspiracional. No es que la creatividad muriera, es que tuvo que subordinarse a la claridad. Al consumidor ocupado ya no le hace gracia descifrar qué me estás vendiendo. 
  • La verdad incómoda: El público comenzó a premiar a las marcas que dicen: “esto es lo que hay, y esto es lo que no”. Algunas marcas audaces incluso se atrevieron a no prometer resultados milagrosos en sus anuncios (¡sacrilegio en marketing!). Paradójicamente, esa honestidad radical generó más confianza. No es casualidad: el 59% de los consumidores señala que el mensaje genérico o robótico rompe la confianza de inmediato. Basta de clichés vacíos; en 2025, si no tenías nada sustancial que decir, mejor no decir nada. 
  • Sarcasmo editorial: Se detectó un incremento en el uso inteligente del sarcasmo y la ironía por parte de ciertas marcas, pero —importante— no como meme fácil, sino como posición editorial. Es como si algunas marcas adoptaran el humor ácido que antes solo veíamos en consumidores hartos. 

En resumen, decir menos pero con más verdad fue apreciado. Un reporte global (Edelman) destacó que la confianza en las marcas hoy no se gana con declaraciones grandilocuentes de propósito, sino con relevancia, respuesta y claridad persistente en las acciones. Es decir, la gente distingue muy bien entre la marca que de verdad escucha y actúa, versus la que solo les habla con guion de coach motivacional. 

2025 fue el año en que el público empezó a decir “no me trates como tonto” con su atención (o con su indiferencia). Y las marcas que escucharon ese llamado ajustaron su tono a uno más humano y transparente, incluso en sectores tradicionalmente formales como finanzas o servicios públicos. Porque ser claro y honesto con tu audiencia dejó de ser una opción para quedar cool; se volvió cuestión de supervivencia de la reputación. 

Productos minimalistas: menos features, más sentido 

Mientras los decks de producto corporativos seguían llenándose de bullets prometiendo el oro y el moro (“¡ahora con 372 nuevas funcionalidades!”), el mercado empezó a premiar lo contrario: productos que hacen menos, pero lo hacen mejor. Suena contraintuitivo en la era de la sobre-tecnologización, pero los indicios fueron contundentes: 

  • El regreso de dispositivos “tontos”: Sí, esos dumb phones o teléfonos de tapa de antaño volvieron en manos de la Gen Z buscando un respiro digital. El Flip phone summer no fue solo meme: en Canadá las ventas de celulares básicos subieron un 25% entre 2022 y 2023, y en EE. UU. proliferaron anécdotas de jóvenes guardando el smartphone los fines de semana para usar un Nokia del año de la pera. La nostalgia no explica todo: es supervivencia cognitiva en un mundo de notificaciones insoportables. 
  • El dato loco: Incluso una marca tan mainstream como Heineken olió esta tendencia: en 2024 lanzó The Boring Phone en colaboración con HMD, un móvil sin internet diseñado para eventos, invitando a la gente a estar más presente campaña implementada en conciertos de México y Países Bajos). Cuando hasta la cerveza te pide que bajes el teléfono, sabes que algo está cambiando. 
  • Interfaces y software más limpios: Se notó una corriente de diseño inverso: en vez de añadir mil botones, algunas apps empezaron a esconder o eliminar opciones para reducir la sobrecarga. Herramientas como Notion u Obsidian ganaron adeptos porque ayudan a pensar, no solo a producir sin freno. Lo sofisticado dejó de ser tener la app llena de colorcitos; lo sofisticado ahora es la simpleza elegante. 
  • Menos funciones, más propósito: En electrónica de consumo masivo, vimos electrodomésticos y gadgets que presumían no hacer ciertas cosas. Desde apps de fitness sin feed social, hasta servicios financieros simplificados. En un mundo sobresaturado, ofrecer menos se volvió un valor diferencial. 

Como dijo algún meme: “Features are so last year; focus is the new black”. La microtendencia es clara: la sofisticación dejó de ser acumulativa y pasó a ser selectiva. Y ojo, no es pura nostalgia hipster. Es que ya entendimos que “más funciones” a menudo significa más distracciones. En 2025 triunfaron, silenciosamente, los que optaron por la navaja de Ockham: haz una cosa bien, y quita todo lo demás. 

Marcas humanas (no “humanizadas”) 

Este año también se cayó una máscara: no todas las marcas pueden —ni deben— hablar como personitas cool de Twitter (o X). En 2025 quedó expuesto que intentar “humanizar” la marca a punta de memes, emojis y tono casual es inútil si detrás no hay una cultura que lo respalde. 

Ser humano no es poner un emoji guiñando en cada post. Ser humano es, por ejemplo: 

  1. Reconocer errores de frente: La marca que metió la pata y lo admitió públicamente fue percibida como más auténtica. Un caso notable: cuando una fintech en EE. UU. sufrió una caída de sistema, su CEO hizo live tweeting explicando el fallo y pidiendo perdón en tiempo real. Adivinen cuál generó menos enojo en redes… La diferencia estuvo en el factor humano real. 
  1. Poner límites: En 2025 fue refrescante ver marcas diciendo “no vamos a participar en X tendencia”. Un 42% de consumidores identifican la presencia humana visible como señal de confianza, pero más de la mitad detecta con sospecha cuando una marca anda persiguiendo tendencias a lo loco. Traducido: comportarte como persona también implica saber decir “eso no me corresponde”. Madurez, pues. 
  1. No exprimir cada tendencia hasta deformarla: Hubo un retorno a la dignidad de marca. Si eres una empresa de seguros hablando como tiktoker de 16 años… nadie te cree. 

¿El resultado? Las marcas que se comportaron como “gente bien” consolidaron lazos. No por nada, la confianza en “mi banco” o “mi marca de cabecera” alcanzó máximos históricos este año: 80% de la gente dice confiar en las marcas que usa regularmente (Edelman). Pero ojo: ese voto de confianza viene con exigencia de comportamiento ético. La confianza no se gana haciéndose el amigo buena onda, sino apareciendo cuando importa y actuando con integridad. 

 

Lo que solo hizo ruido (y generó desgaste) 

No todo brilló en 2025. Algunas supuestas “macrotendencias” resultaron ser puro noise. Repasemos los grandes chasquidos: 

  • La IA para producir más basura, más rápido: 2025 fue el año en que descubrimos el término “AI slop” (porquería generada por IA). Montones de marcas se lanzaron a generar copypasta a mansalva. Tanto así que plataformas como Pinterest tuvieron que dar herramientas para filtrar cuánto contenido generado por IA querías ver. Una encuesta de BeReal reveló que el 47% de la Gen Z detesta el contenido generado por IA y prefiere lo creado por humanos. La audiencia nota la diferencia entre creatividad auténtica y refritos automáticos. 
  • Automatizaciones sin criterio estratégico: Bots de atención al cliente incapaces y retargeting hasta el hartazgo. La tecnología por la tecnología demostró su límite: no compensa la falta de pensamiento, solo la amplifica. 
  • “Comunidades” creadas solo para inflar métricas: Ah, la fiebre de crear comunidad… Qué bonita suena en el PPT y qué triste cuando la realidad es un Discord lleno de bots. La gente no es tonta: detectaron que era marketing disfrazado. Construir comunidad lleva años y genuino interés; pensar que era la táctica milagrosa del trimestre fue un error de bulto. 
  • Marcas pregonando “bienestar” mientras quemaban a sus equipos: La hipocresía corporativa en HD. Empresas con campañas de salud mental hacia afuera, y burnout récord hacia adentro. De hecho, más de la mitad de la fuerza laboral reportó estar quemada en 2025, y los Gen Z lideran la estadística con un 66% reportando agotamiento. El efecto bumerán golpeó fuerte la credibilidad de varias compañías. 

La lección de todo esto es simple y brutal: la tecnología y las tendencias hype no compensan la falta de pensamiento estratégico. Solo amplifican lo bueno o lo malo que ya tengas. En 2025, quien tenía basura, con IA hizo basura al cubo. Más velocidad sin dirección solo lleva más rápido al precipicio. O como diría un sabio: si metes un pato en un Fórmula 1, solo tendrás un pato estrellado más rápido. 

Advertencia final: ignorar estas señales sale caro 

2025 nos dejó algo claro: las señales están ahí. No son espectaculares ni vienen con fanfarria, pero son insistentes como gotera en techo mal puesto. Si las marcas, líderes y equipos no escuchan el presente, el futuro no traerá nada nuevo. Solo traerá más velocidad, más ruido y más de lo mismo, pero más caro. 

Esta es una llamada de atención a los directores de marca, CEOs y estrategas: o ajustamos el rumbo, o en 2026 estaremos lamentando oportunidades perdidas entre los escombros de presupuestos malgastados. Las microtendencias reales de 2025 nos hablan de autenticidad con coraje, el valor de la pausa, honestidad cruda, minimalismo sensato y humanidad verdadera. 

Así que, parafraseando a un viejo filósofo de oficina: “El que no aprende de 2025 está condenado a hacer doomscroll en 2026.” ¿Exagerado? Tal vez. ¿Desafiante? Seguro. Al fin y al cabo, más vale incomodar con verdades ahora, que arrepentirse con métricas rojas después. 

Esto es apenas la primera parte. Muy pronto publicaremos nuestro análisis de tendencias para 2026. La pelota queda en tu cancha, querido lector…

Picture of Óscar Aviv Rodríguez

Óscar Aviv Rodríguez

Editor-in-Chief
Garage Marketing

Compartir

Desde la visión estratégica del CEO hasta las historias reales de marcas que están haciendo marketing en serio.

Suscríbete al newsletter y recibe cada edición con insights, herramientas y tendencias listas para aplicar.